miércoles, 3 de julio de 2013

Los objetivos del sistema total



Al hablar de los objetivos estamos pensando en la medición de la actuación del sistema total. En general, nos parece lógico comenzar nuestro trabajo definiendo los objetivos, porque frecuentemente se cae en errores y en serios problemas cuando no se tienen claros los verdaderos objetivos del sistema.

Sin embargo, la definición de los objetivos de un sistema total no siempre es tarea fácil. Puede existir confusión en su determinación.
Generalmente los participantes del sistema no se preocupan, aun cuando sus objetivos y definiciones puedan tener una serie de propósitos independientes de la actuación del sistema.




Churchman presenta el siguiente ejemplo. El director de un departamento universitario desea obtener el mayor presupuesto posible para la operación de su unidad. Como consecuencia, debe defender su posición en diferentes comités, comisiones o consejos que forman parte de la estructura de la universidad. En estas ocasiones debe plantear los objetivos del departamento en la forma más atractiva posible, ya que debe buscar el máximo prestigio y el máximo poder "político" con el fin de obtener ese mayor presupuesto. Señalará la importancia de la docencia en ese campo, el valor que tienen para la comunidad los proyectos de investigación que en él se desarrollan, la alta calificación académica que poseen sus integrantes, etc. Estos son algunos de los argumentos que plantea y que menciona como los objetivos del departamento en cuestión.
En forma similar, el gerente de una empresa (a través de su departamento de relaciones públicas) o el administrador de una agencia estatal, deben presentar una imagen social a través de los objetivos de esos sistemas. No lo hacen sólo para atraer clientela, sino también para atraer capitales y apoyo del medio. Recuérdese que la aceptación o "legalización" del sistema en el medio es una condición necesaria para su supervivencia.

En general, estas declaraciones de principios son denominadas o bjetivos por los miembros del sistema, pero para nuestros propósitos de investigación y análisis ellas son demasiado vagas y, en muchos casos, equivocadas.

Este tipo de objetivos ha sido denominado por algunos estudiosos como "no operacionales" y equivalen, como señalábamos hace poco, más bien a declaraciones de principios o propósitos que a objetivos concretos sobre los cuales dirigir la conducta del sistema. Si tomamos estos objetivos no operacionales en forma demasiado seria, podemos llegar a errores y equivocaciones en la identificación de los objetivos reales del sistema comparado con aquellos definidos por ese sistema. El director del departamento universitario puede hacernos pensar que el único objetivo de su departamento es la creación de un nuevo conocimiento y la enseñanza de este conocimiento. El gerente de una empresa industrial puede hacernos pensar que el objetivo de su empresa es prestar servicio a la comunidad, sobre la base de alguna utilidad, etcétera.

Ahora bien, estos objetivos no operacionales tampoco pueden dejarse totalmente de lado. En efecto, ellos cumplen una función bastante específica en la empresa o en el sistema social de que se trate: son objetivos generalmente no conflictivos y, por lo tanto, pasan a ser un mecanismo de cohesión del grupo humano que forma el sistema. ¿Qué investigador de un departamento universitario no va a estar de acuerdo en que él está allí para aumentar el conocimiento en ese campo determinado del saber? ¿Qué ejecutivo medio o alto de una empresa va a estar contra la idea de los "objetivos sociales" de la empresa? Una forma, sugerida por Churchman, en que el investigador puede determinar los objetivos del sistema, es observando si el sistema, a sabiendas, sacrificará otros objetivos con tal de alcanzar aquellos definidos por autoridades del sistema.

Por ejemplo, si una persona señala que el objetivo real de su vida es enseñar y sin embargo, ocasionalmente se encuentra dispuesto a utilizar parte de su tiempo en servicios particulares para elevar su ingreso, entonces el investigador podría señalar que sus objetivos establecidos y publicados no son sus objetivos reales, pues está dispuesto a sacrificarlos, con cierta frecuencia, para alcanzar otros objetivos.

Una falacia muy común al establecer los objetivos es poner énfasis en lo evidente, en lo obvio. Por ejemplo, supongamos una fábrica de calzado. ¿Cuál es su objetivo? Una respuesta sería: fabricar el mejor calzado posible dentro de ciertas limitaciones. Pero el objetivo real no es simplemente calidad, sino aquella calidad que se presta mejor para alcanzar sus objetivos de venta o de utilidad. Cuando el investigador define el resultado deseado y concreto, entonces se puede comprender la importancia que esos objetivos realmente tienen. En algunos casos un mejoramiento de la calidad puede que no compense el costo en que se ha incurrido, es decir, el sacrifico de otros objetivos.




Por supuesto que, así como es difícil definir los verdaderos objetivos de una persona, así también puede serlo determinar los verdaderos objetivos de un sistema. Como personas, generalmente ocultamos nuestros verdaderos objetivos, pues nos parece que pueden no ser satisfactorios desde el punto de vista de otras personas o de la comunidad en que vivimos. Si ellos fueran publicitados, es probable que tuvieramos problemas en obtener los diferentes tipos de apoyos que necesitamos en la vida (empleo, aceptación social, etc. ).

El propósito, entonces, del investigador es determinar aquellos objetivos verdaderos y operacionales. Operacionales en el sentido que pueden ser medidos y que a través de esta medición se pueda determinar la calidad de la actuación del sistema, o la forma como está operando éste. El estudiante, generalmente piensa que su o bjetivo es alcanzar las más altas calificaciones. En este caso la medición de la conducta del sistema es bastante sencilla. Muchas veces el estudiante busca estas altas calificaciones sacrificando una verdadera comprensión de la materia del curso. Las busca porque cree que con ellas tendrá mejores oportunidades de trabajo o alcanzará una beca para sus estudios superiores. Así, si bien su objetivo establecido es aprender, la medición real de su actuación o comportamiento son las calificaciones.



Churchman de paso hace una afirmación que deberíamos meditar en relación con nuestra enseñanza superior. Algunos educadores norteamericanos sospechan que el verdadero objetivo de ciertas universidades de ese país (o la verdadera medición de su actuación) no está dado en términos de educación, sino del número de estudiantes graduados.

Algunos estudiosos de las organizaciones industriales señalan que se debe hacer una distinción entre los objetivos reales y los objetivos legitimados del sistema. Estos últimos tienen que ver con la moral o la ética de los objetivos. Por ejemplo, un investigador, siguiendo la filosofía de la teoría de sistemas puede definir los objetivos de un sistema de carreteras en términos de la cantidad de vehículos que pueden pasar a través de segmentos específicos de una de ellas dentro de un período dado de tiempo. Sin embargo, puede que este objetivo no se encuentre "legitimado" desde el punto de vista social, no sólo por el costo de los accidentes, sino por el ruido, por ciertos problemas ecológicos y los inconvenientes que pueden surgir para los pueblos y aldeas por donde dicha carretera pasa (y para quellos que quedan fuera de ella).

Por lo tanto, en esta tarea de describir los objetivos reales del sistema (a través de la medición de su actuación) el investigador debe ser persistente (aunque con ello eventualmente pueda entrar en conflicto con sus colegas o clientes) y estar siempre alerta para no caer en la "falacia de los objetivos evidentes".

Existen ciertos casos en que la no observación de los objetivos del sistema total puede llevar a serios problemas. Un ejemplo más sobre la falacia de lo evidente que, en este caso tiene un sentido trágico-irónico: En el campo de la salud, con la aparición de las vacunas para muchas enfermedades "clásicas", parece evidente que el "sistema de salud" puede eliminar muchos males. Recientemente se han comenzado a tomar medidas para eliminar el sarampión. Podría parecer que la medida de la actuación sería la reducción en el porcentaje de niños que contraen sarampión, posiblemente ponderada por la reducción de la gravedad de los casos. Por otra parte, ciertos estudios han indicado que esta enfermedad tiene resultados fatales en el medio Oriente y en el lejano Oriente. Por lo tanto un éxito del sistema, de acuerdo con la medición recién descrita producirá una reducción en la mortalidad infantil y, en consecuencia, un aumento de la población en las áreas subdesarrolladas.

Aquí se hace evidente el pensamiento del sistema total: quizá sea mejor dejar que la enfermedad lleve a cabo su triste tarea, que permitir la muerte que la explosión demográfica pueda acarrear, especialmente por la escasez de alimentos. Para medir la actuación deben incluirse estos costos, que no serían tomados en cuenta si no se mira el sistema como una totalidad y sólo se estudia uno de sus subsistemas. La observación del sistema como una totalidad (y no a través de una de sus partes) puede permitir encontrar soluciones más integrales al problema o prevenir de alguna forma los "efectos esperados" tan trágicos. Por la medición de la actuación del sistema, el investigador debe buscar todas las consecuencias importantes de las actividades del sistema total bajo estudio. Evidentemente que cometerá errores; sin embargo, su persistencia y su estado alerta pueden minimizar estos errores a través de una conducta de cuidadosa investigación y un espíritu crítico.



Espero haber ayudado en algo. Hasta la próxima oportunidad!  



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